jueves, 11 de junio de 2026

El hartazgo colectivo frente al Estado ausente: postales de un 3J bajo la lluvia

 El hartazgo colectivo frente al Estado ausente: postales de un 3J bajo la lluvia

El feminidio de Agostina volvió a exponer las grietas de un sistema que siempre llega tarde. En medio del vaciamiento institucional, se demuestra que las redes de organización territorial son el primer refugio ante la violencia machista.

Por Lautaro Fuentes Llanos

El pasado miércoles 3 de junio el clima en Córdoba parecía acompañar el luto. Las calles del centro se tiñeron de violeta bajo un aguacero que no dio tregua durante toda la jornada, sin embargo, la lluvia no logró apagar una movilización que este año cargaba con un peso específico: el reciente feminidio de Agostina. La adolescente de 14 años es un caso que expone, una vez más, el abandono por parte de las instituciones y la impunidad de un sistema judicial que llega tarde.

 

Fuente: Maitén Bernacchi.


En un contexto marcado por el recorte de recursos estatales y la crisis socioeconómica, el tejido que se construye desde las bases estudiantiles, territoriales y feministas se vuelve la principal línea de defensa. Para entender cómo se procesa esta realidad desde las juventudes que habitan la universidad pública, tuve la posibilidad de dialogar después de la marcha con Maiten Bernacchi, estudiante de la Facultad de Psicología de la UNC, quien aportó su lectura sobre el hartazgo social, el rol de los medios y la potencia de la acción colectiva.
—Como estudiante de Psicología y habiendo asistido a las marchas del 3J hace ya varios años, ¿cómo viste que fue cambiando la movilización en Córdoba? Desde tu mirada, ¿qué genera salir a la calle para procesar la bronca que dejan los feminidios?
—Lo primero que me llamó la atención este año fue la inmensa cantidad de gente, pese a la lluvia que hubo todo el día. Con mis amigas discutíamos mucho antes de salir; Estábamos convencidos de ir, pero nos daba esa pequeña angustia de pensar que la gente no iba a salir a la calle por el clima. Y después de hacer un par de cuadras y ver multitudes, de lado a lado, ocupando toda la vereda, sin espacio, puros paraguas, pilotos y carteles. Fue un shock y una emoción enorme. No solo había jóvenes, había mucha gente adulta, familias enteras y, algo que me llamó la atención, una gran cantidad de hombres. Fue una sensación de acompañamiento que no había presenciado en marchas anteriores.

Se sintió una neblina de rabia, de angustia y de hartazgo colectivo. Poder potenciar estos espacios de colectividad te ayuda a no sentir desesperanza. En este contexto tan caótico que estamos viviendo, donde no importa cuántas marchas haya porque el Estado no responde, sentir que la sociedad no va a dejar que esto avance ni va a bajar los brazos ante las injusticias es muy esperanzador.


                                                           Fuente: tomada desde el Instagram de “radiolaranchada”

—Hace muy pocos días nos atravesó a todos el feminidio de Agostina. Sabiendo que el detenido ya tenía antecedentes de violencia y estaba en libertad, ¿cómo impacta esa impunidad estructural en el clima de la marcha?

—Vivencié mucha bronca y mucha tristeza en la gente. Presenciar cómo, a pesar de que se hacen las denuncias correspondientes según lo que exige la ley, se avanza con los procesos y aun así se puede absolver o liberar a una persona violenta, genera un sentimiento de desprotección profunda. Desde la psicología, observamos también cómo los medios de comunicación hegemónicos contribuyen a la revictimización, a implantar la duda sobre las víctimas para justificar a un sistema que responde de una forma totalmente ajena a la realidad.

Todo eso se trasladó a la calle. La gente está harta. Hoy siento que la figura de la Justicia y de la Policía no son garantía de nada; desde mi perspectiva, su valor de protección está quebrado.

—Con lo de Agostina quedó claro que la familia y los vecinos tuvieron que salir a buscarla porque el Estado tardó en reaccionar. Frente a eso y al vaciamiento general, ¿qué importancia tienen las redes que arman desde los territorios para cuidarse y exigir respuestas?

—Considero que es de suma importancia participar de estas redes, potenciarlas y motivar a la gente a involucrarse. Hoy vemos cómo la viralización es una herramienta sumamente útil. Lo presenciamos no solamente en el caso de Agostina, sino también hace un par de días con el caso de Luciana, donde gracias a la difusión masiva en redes sociales se logró encontrarla. Estar atentos, compartir y organizarnos tiene efectos reales frente a un Estado que no tiene interés en cuidarnos.


Frente a la ausencia de los organismos del Estado, nuestra sociedad, marcada de odio y repugnancia con los reiterados hechos de violencia, se ve obligada a mantenerse fuerte y unida levantando su voz ante la negligencia de la justicia. 

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